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jueves, 5 de agosto de 2010

La ocho cosas más gamberras que he hecho y de las que no me arrepiento

1.- Mi primera bicicleta fue una BH plegable de paseo. Aunque era de hierro, tenía como novedad que se podía doblar por el medio gracias a un tornillo que se aflojaba a conveniencia. Pese a los cien kilos que parecía que pesaba mi bici, en cierta forma, era portátil. Incluía un asiento para acompañantes y una especie de gancho que sujetaba la bomba de aire.

Una vez que aprendes a mantener el equilibrio con dos ruedas (de cómo lo conseguí y de cómo mi madre me daba antiséptico en las heridas con una fregona, es otra historia), el siguiente paso es aprender a hacer caballitos. Y para hacer caballitos, la bomba de aire, cayéndose cada dos por tres, evidentemente sobra.

Yo era feliz con mi bici, ya que mis inquietudes sexuales no se habían manifestado todavía (tenía menos de once años), pero si había alguna que otra vecina quinceañera que, teniendo todo el hardware (digamos que ya era mujer), le fallaba en cierta forma el “sistema operativo” (he intentado no ser cruel con mi descripción).

A los hechos me remito, y los hechos fueron que estando yo montado tranquilamente en mi bici, charlando con mis amigos, llegó la susodicha y se montó detrás, con el consabido problema que podía acarrear a mi bien propio (coño, que la bici era portátil y no estaba pensada para el transporte animal).
- Dame una vuelta –Me dijo.

Como en la escena de La Marsellesa de Casablanca cuando Rick asiente con la cabeza, uno de mis amigos, también asintió, dándome vía libre para hacer un caballito.

El caballito fue de 10 olímpico, precioso en su ejecución y tremendo en su resolución. Mi vecina (porque si digo vecinita suena sucio) aterrizó con su trasero en el suelo. Las risas de los presentes fueron cuadrafónicas, pero al levantarse humillada se dio cuenta que, gracias al gancho que sujetaba la bomba del aire, sus vaqueros recién estrenados tenían un jirón con forma de siete.

No había pasado ni un día cuando su madre visitó a la mía para ponerla en antecedentes. Es curioso como, en aquellos años maravillosos, con la muletilla “son cosas de críos” se arreglaban todos los problemas.

2.- Cuando estaba estudiando la Educación General Básica, los profesores tenían la manía de hacer equipo mandando trabajos colectivos a tres o a cuatro de nosotros. Esos trabajos, mitad arte, mitad pérdida de tiempo, solían consistir en la elaboración de un mural (una cartulina blanca de medio metro cuadrado) que trataba de los temas más diversos y dispersos.

Hice murales sobre comics y el gran Ibañez, sobre la fotosíntesis, las invasiones bárbaras y un largo etcétera. Ese largo etcétera era elegido por el profesor de turno, por lo que el lector habrá adivinado que nunca hicimos ningún mural sobre fútbol.

El trabajo del mural se repartía como la vida misma. Uno ponía la idea, otro escribía, otro se escaqueaba, otro se lo curraba. Al final el mérito era de todos, como sucedería años después en el ámbito laboral.

No se si fueron trescientos o cuatrocientos murales los que habíamos hecho ya, que, pese a dejar tiritando y talado el Amazonas con tanta vena creativa, nos sobró una de esas cartulinas.

En ese preciso momento, estábamos en clase esperando la llegada del profesor. Y fue cuando alguien dijo:
- Nos ha sobrado una cartulina.
Nadie, en su sano juicio, esperaba una respuesta tipo:
- Hagamos un mural sobre la energía nuclear.

La respuesta más acertada, y más valorada, fue la mía. Teníamos varios diseños de papiroflexia. Y cuando digo papiroflexia digo aviones de papel, que es lo mismo. Los tíos, hacíamos aviones de papel. Los unicornios, y las flores hechas con servilletas de bar, tipo nenaza, vendrían después, de la mano del amor.

Solíamos hacer varios tipos de aviones de papel. Estaba el típico alargado, avión supersónico, ideal para provocar lesiones oculares. Luego estaba el que tenía alerones, y una cabina con varios dobleces, que se calentaba con el aire de la boca para que, supuestamente, volase más. Y luego teníamos un diseño, bastante novedoso, de un avión que era el que mejor volaba, pero que, tenía una aleta vertical muy pronunciada en forma de quilla de barco.

Hicimos un avión de la tercera generación con la cartulina. Era espectacular, pero queríamos que fuese la hostia. Por aquel entonces en el que estábamos mediatizados por el cine, la hostia era la película de Aeropuerto.

Así que, prendimos fuego el avión de medio metro y lo tiramos por la ventana del colegio. Voló mucho más que el engendro de los hermanos Wright, y aterrizó en una terraza próxima.

Que en la terraza hubiese ropa tendida, y que también se prendiese fuego es algo que forma parte del dramático aterrizaje que suele tener un avión cuando se incendia.

3.- Mi vocación por la electrónica comenzó mucho antes de empezar a estudiarla en Formación Profesional. Vamos, que cuando inicié mis estudios ya había hecho yo algunas cosillas. Un variador de luz, un interfono, una sirena... En cierta forma, podría decirse que yo era un alumno aventajado.

Teníamos no se si doce o catorce asignaturas, entre ellas, Religión. Y las clases de Religión solían ser bastante aburridas, porque el cura que las impartía era una persona anciana y monótona, ambas inclusive.

Si a eso le añadimos que solían ser a última hora, y que estábamos más bien cansados, la única forma que teníamos de hacer más llevaderos aquellos cuarenta y cinco minutos era pensando y ejecutando maldades.

En una de esas clases, apareció alguien con una sirena que había construido. Pero para adaptarla al momento coyuntural, teníamos que darle una vuelta de tuerca a aquel diseño primigenio.

Se nos ocurrió montar dos altavoces, uno detrás de la mesa del profesor y otro en la última fila, y con un conmutador, poder seleccionar uno u otro según conveniencia.

Al mismo tiempo que el señor cura empezó su clase, empezamos las emisiones, eso si, con un volumen más bien bajo. Montamos una coreografía casi perfecta.

Aquel buen hombre, se caracterizaba por sus paseos dentro del aula. Así que, si iba hacia su sitio, hacíamos sonar la sirena por la última fila. Si iba hacia la última fila, cambiábamos el sonido hacia su sitio.

Le tuvimos dando vueltas un buen rato, porque, para mas INRI (nunca mejor dicho) las ventanas del aula estaban abiertas y, con la reverberación (que como todo el mundo sabe, es un eco de poca duración o eco de pobres) daba la sensación de que el sonido se producía fuera y no dentro, teniendo además un hospital como teníamos cerca.

En un momento dado, el conmutador se bloqueó y la sirena fue descubierta, con lo que el religioso ya no tuvo ninguna duda de dónde se hallaba el maligno. Creo que no fue muy duro el castigo, porque si no, lo hubiese recordado.

4.- No se qué tipo de celebración estábamos teniendo pero acabábamos de salir de una sala de fiestas, creo que era Pirandello, cerca de la Plaza de España, en Madrid.

Estábamos esperando a que saliese el resto del grupo. La situación es un poco absurda, pero cuando alguien se pone a esperar al resto, parece un búho moviendo la cabeza para un lado y para otro.
- Ese besugo no es... Ese baboso tampoco... Coño, que pedazo de hembra!!!

Entre la multitud, pude ver a una tremendísima mujer de piernas infinitas que se podían adivinar a través de la raja que el espectacular abrigo de visón (que seguramente papi le había comprado) dejaba entrever.

Semejante reducto de intelecto (que coincidía en cuerpo con la vedette del espectáculo) estaba acompañado por su señora madre, manager a su vez, y que, en aquellos años era costumbre. Luego, el oficio, se convirtió en decadente cuando Isabel Pantoja o Luz Casal también lo hicieron.

Pero no obstante, y para no desviarme demasiado del hilo conductor de la historia, digamos que yo, cual búho, y sobre todo porque el abrigo de visón de la criatura celestial no dejaba ver demasiado, me fijé más en su señora madre.

Y dicho esto, y dejando claro que mis deseos eran meramente sexuales y que no tenía el más mínimo interés de pedir a su hija en matrimonio, me puse a decir en voz alta, para que me oyesen las dos:
- He visto a Dios! He visto a Dios!

La señora, me miró, y antes de que pudiese decir nada, la abordé:
- Señora, a sus pies. Ha parido usted a una criatura celestial. La felicito.

La señora me dio las gracias, además de la oportunidad de besar a su hija, que estaba para ponerla un piso. Mejorando el cuerpo presente.

Creo que ninguno de los tres nos habíamos visto antes en situación semejante, pero, ya lo decía mi abuela: Al Santo se le adora por la peana.

5.- Poco antes de ir al servicio militar, solíamos ir en pandilla a las discotecas. Pandilla motorizada, eso sí. Y cuando hablo de motor, me refiero a que dos de nuestro grupo tenían coche. Coche de segunda mano heredado directamente de su padre o de su hermano mayor.

Como yo no era ninguno de esos dos, pues me dejaba llevar. Y como era el más alto y más grande de toda la pandilla, me llevaban delante, de copiloto. Que conste que me lo curraba, eh? Que no era un copiloto cualquiera.

Daba conversación al conductor cuando estaba herido por los efectos del alcohol, ponía música, contaba chistes, un largo etcétera. Todo con tal de que no me dejaran tirado en mitad de una gasolinera de mala muerte. Es lo que tiene no ser un Macho Alfa.

Recuerdo que una vez estábamos parados en un semáforo, y en el carril de al lado se paró un coche que, cotilla soy, miré de refilón. El coche era enorme comparado con el nuestro. Cuando me fijé más detenidamente, me di cuenta que era un “coche nupcial”, con los novios incluidos.

Sonreí al conductor y él, cortésmente me devolvió la sonrisa. Me crecí. Bajé la ventanilla, cogí aire en los pulmones, y grité lo más fuerte que pude, casi desgañitado:
- Vivan los novios!

El padrino, que estaba sentado de copiloto, se hizo eco del gesto. Se bajó del coche, nos dio la mano a cada uno y... Un puro.

6.- Llegado el momento de hablar de las novatadas del Servicio Militar o Mili, todo el mundo recuerda las que hizo, nunca las que le hicieron. Yo, para ser afín a mi público objetivo, voy a seguir con la misma tónica.

No voy a entrar en las típicas acciones que más que gamberradas eran auténticas putadas, tipo quitarte el traje mimetizado, meterte en una taquilla y tirarte por las escaleras o prenderle fuego a tu cama mientras tú te echabas la siesta.

Pero supongamos (todo ello presuntamente) que habían llegado unos novatos (nietos) y que los veteranos (abuelos) de turno les querían hacer una novatada, cosas de críos, comparada con las anteriores.

Nosotros, Infantes de Marina, hacíamos guardias en la puerta de entrada del cuartel, y los Marineros, popeyes, utilizaban el “servicio” a cambio de comida para el cuerpo de guardia. Quid pro quo como diría años más tarde Hannibal Lecter.

Los marineros veteranos nos avisaron que esa misma noche, un par de novatos iba a entrar, y que les interceptásemos para “jugar” un rato con ellos.

Existía en el cuartel un sargento primero que se casó vestido de almirante (cosas de militares), y llevó las fotos al cuartel. Como consecuencia, y después de un consejo de guerra, fue degradado a cabo primero.

Y es por eso por lo que yo no voy a decir que supuestamente nos vistiésemos con uniformes de tenientes, sargentos y demás. Digamos, simplemente, que nos hicimos pasar por mandos.

A los dos novatos, al ver semejante despliegue de medios (uno incluso llevaba supuestamente el uniforme de PN, ¿miembro viril? No, Policía Naval) se les contrajo el tello (el músculo que va de los testículos al cuello).

Creo que lo más vejatorio que hicieron fueron unas flexiones. Yo no podía contener la risa, y dos o tres veces me tuve que salir del cuerpo de guardia.

Acabamos la broma riéndonos todos juntos y tomándonos unas sidras, presuntamente. Los dos novatos, que estaban encantados pese al susto inicial, terminaron preguntando que cuándo era la próxima novatada, para participar ellos también.

7.- En uno de esos momentos en los que, estando trabajando tu jefe te dice eso de “documenta”, que traducido puede significar no hagas nada, empaqueta aire, o tócate las vesículas seminales, me propuse ampliar mis conocimientos.

Mis conocimientos sobre CICS en aquella época eran regulares. El CICS es un monitor de teleproceso o gestor transaccional. Dicho esto, y siendo generoso con mi lector, para la mayoría de los mortales sería algo así como un sistema que se ejecuta en un mainframe o host (los típicos ordenadores gigantes que tienen los bancos o grandes empresas) y que permite realizar transacciones en tiempo real.

Pongamos como ejemplo que cuando tú sacas dinero de un cajero automático, y el ordenador consulta el saldo de tu cuenta previamente, se habrá ejecutado una transacción CICS. O te crees eso, o te crees que existe un duende dentro de ese armario blindado con planchas de cinco milímetros de grosor (también conocido como cajero automático) y que es el que se encarga de darte la pasta, a parte de imitar con la boca el sonido de la impresora.

Pues eso, que estaba yo ampliando mis conocimientos de CICS, manual en mano. Porque, cuando todo falla, conviene leer el manual. Y se puede hacer de dos formas: O bien tipo libro de texto, secuencialmente, (los finales suelen ser pésimos) o bien consultando explícitamente alguna de sus funciones (mucho más ameno).

No se cómo llegué a la transacción de marras, pero el caso es que, habiendo entrado en el CICS del entorno de Desarrollo, teclee:

CEMT PERFORM SHUTDOWN

Casi instantáneamente, apareció el relojito en mi pantalla. Se oyó como un revuelo en los puestos del fondo de la sala, que coincidían con la gente de sistemas. El murmullo permitió oír algún que otro grito:
- Se está apagando el CICS de Desarrollo!

Ya lo dice la Tercera Ley de Newton: Con toda acción ocurre siempre una reacción igual y contraria. Así que pude apreciar cómo un par de técnicos de sistemas se dirigían hacia nosotros. Fueron directa y discretamente a preguntar a mi jefe, y mi jefe, que era directo, pero nada discreto, gritó:
- Oye, alguno de vosotros ha apagado el CICS ese?
- Si, he sido yo – Contesté.

La respuesta fue tan directa que dejé asombrado a todo el mundo. Tampoco hubo represalias, pero ¿por qué lo hice? Por seguridad. ¿Por seguridad? Si, por seguridad. A partir de entonces, nadie pudo ejecutar esa transacción. Si yo hubiese ido de buen rollo y se lo hubiese comentado a la gente de sistemas, no me hubiesen hecho caso. Total, yo era del Departamento de Desarrollo y personal externo.

8.- Tuve como compañero a una buena persona, sin maldad, un niño grande de treinta y ocho años. Compartíamos cafés, risas y éramos vecinos de puesto de trabajo. Cuando nos dijo que se casaba, después de tener una relación de nueve años con su novia, le dijimos:
- Creo que te precipitas.
- Y tan joven!

Total, que él era muy bueno, pero nosotros éramos muy cabrones. Y aún así, confiaba plenamente en nosotros. Tanto era así, que nos dijo:
- El viernes de la semana que viene, en teoría es mi último día antes de la boda, y para que no se entere nadie, y que sea lo más discreto posible, me voy a ir de vacaciones el jueves. Así no tengo que dar muchas explicaciones.

Esta confesión la hizo una semana antes. El lunes siguiente, por activa o por pasiva, ya lo sabía todo el mundo. Habíamos puesto en el respaldo de su silla “recién casado”, sin que se percatase. En una de esas que alguien nuevo se pierde por la oficina (una chica que no habíamos visto en la vida), se dirigió a él, y le dijo:
- Perdona, sabes donde está la fotocopiadora?
- Si, allí al fondo.
- Gracias, y felicidades (por lo de tu boda).

No salía de su asombro, no daba crédito de cómo se había enterado todo el mundo, si él no le había dicho nada a nadie. Bueno, a nadie de confianza, porque confiar en nosotros...

Durante esos cuatro días previos a su permiso por casamiento, hicimos todo tipo de bromas, eso sí, “in crescendo” (para las víctimas de la educación actual, en aumento), hasta que llegamos al “cenit” (para las víctimas de la educación actual, mazo) de las mismas.

Hicimos acopio de todos los vasos de plástico y latas vacías posibles, así como un sedal o hilo de pesca. El 70% de los usos que se le da a un clip de oficina no es precisamente el de sujetar dos o más papeles. En este caso, el clip nos sirvió de gancho.

Estando esta noble persona sentada en su silla, le enganchamos con el clip la ristra de vasos y latas atadas con el hilo de pesca en uno de los pasacintos (si, lo se, a mí también me suena mal) de su pantalón. Y, desde la otra punta de la sala, un compinche nuestro le llamó por teléfono para que fuera.

El estruendo fue tremendo. Toda la gente le miró, y de la misma forma que se levantó blanco y despacio, se sentó rojo y despacio también.

martes, 13 de abril de 2010

La Última Cena

PRÓLOGO

En los años noventa, yo tenía unos amigos con los que, aparte de hacer gamberradas, las solíamos documentar o bien en cintas de video o bien en textos, que guardábamos para poder seguir disfrutando de ellas.

Uno de nuestros proyectos, nunca llevado a cabo fue, montar una obra de teatro, tratando por todos los medios de ser irreverentes y políticamente incorrectos.

El texto que viene a continuación, aunque sólo me pertenece en un cincuenta por ciento, sirve como homenaje y recuerdo de aquella época.

PERSONAJES

Los doce Apóstoles Pedro, Andrés, Juan, Felipe, Juan, Felipe, Bartolomé, Tomás, Santiago, Tadeo, Simón y Judas.
Jesús, el Cristo.
Mateo, el narrador.
Los camareros, Fulaneé (dueño del restaurante) y Pierre.
Los soldados romanos, Macarroni y Canelonni.

UNICO ACTO (DE NUESTRO SEÑOR)

(Entran Juan, Pedro y Mateo en el restaurante y les atiende el dueño)

FULANEÉ (con un marcado acento francés)

Bon Soir, monsieurs.

PEDRO

Buenas noches, Fulaneé. ¿Has preparado todo como te pedimos?

FULANEÉ

Oui, çe moi. Aquí tiene la mesa para quince pegsonas y la mesita para el nagador como me dijegon.

PEDRO

Muy bien. Pero resulta que al final no vienen Marta y María, que se han quedado en casa viendo una Telenovela. Seremos doce más uno.

FULANEÉ

De acuegdoooo.

(Contrariado, Fulaneé se dirige al otro camarero y le grita)

Pierreeeeeeee, s'il vous plaît, quita dos servicios!

(Mientras Pierre quita los servicios, los apóstoles se van sentando)

FULANEÉ

¿Quieren algo los señores mientras va viniendo el resto de la gente?

MATEO

Sí, me puedes traer una Carlsberg, Fulaneé?

FULANEÉ

Lo siento, monsieur, está agotada. Prefiege mejor una Palestina Beer?

MATEO

Está bien, no es posiblemente la mejor del mundo, pero me gusta.

PEDRO

Pues nosotros queremos un Rosado de Navarra bien fresco.

FULANEÉ

Les gecomiendo un Tinto del Pakistán...

JUAN

No, gracias, es que estoy cansado de tanto vino tinto. Con los milagros del Maestro, como si no pudiera convertir el agua en Vichy Catalán.

MATEO

Bueno, mientras, voy a preparar los tabuladores y el sangrado.

(Entran Felipe, su hermano Juan y Andrés)

ANDRÉS

Buenas noches, colegas, que tal esos sermones?

JUAN

Bien, aunque ya estoy harto de que, por pesado, me confundan con Steve Jobs.

(Se sientan y empiezan a comer pan y chorizo y a untar foigrass)

No pasan ni tres minutos cuando entran Bartolomé, Tomás, Santiago y Tadeo.

TADEO

Buenas noches nos de Dios!

(Apóstoles cantando en coro)

Y yo para ser feliz quiero un camión!

BARTOLOMÉ

Estas tú muy católico hoy, Tadeo.

TADEO

Yo digo lo que me sale de los sermones!

BARTOLOMÉ

Jo, chico, desde que sales con esa chica de la O.L.P. no hay quien te aguante, so borde!

JUAN

Haya paz, Hermanos.

(Aparece Simón con una tarta y cantando una bonita canción popular)

¡Es un muchacho excelente, es un muchacho excelente...!

TADEO

Tú, Simón, tan inoportuno como siempre. Mira que no sacamos partido del chico éste, eh?

SIMÓN

¿Pero hoy no es 24 de Diciembre?

JUAN

Bienaventurados los que no tengan reloj, porque no sabrán cuando es la Última Cena.

(Se oye el ruido estruendoso de una moto. Aparece Judas con un casco en la mano)

Passa, muermos, casi me pierdo la jamá. Había tráfico lento en la Judea-30.

BARTOLOMÉ

Ya, es de suponer. Con las obras de la Plaza de Palestina se pone que no hay Cristo que lo aguante...

JUDAS

Sí, tanto cavar y un día va a salir el Demonio montado en un vagón del Metro.

JUAN

¡Detente, pecador! A Belcebú ni le menciones.

JUDAS

Tú, Juan, eres un poco cagao, eh?

JUAN

Modérate, Judas. Recuerda que la oveja mansa mama a su madre y a la ajena.

JUDAS (amenazándole)

Que insinúas, tronco? Acaso me tomas por un mamón?

(Se oyen unas voces celestiales resonando con fuertes modulaciones. Se nubla el ambiente y aparece Jesús).

Buenas noches os de yo!

APÓSTOLES

Y que no amanezca ningún infiel!

JUDAS

Qué montajes más heavys hace el tío éste cada vez que aparece!

PEDRO (señalando al cielo)

Qué, Chus, has conseguido comunicarte celestialmente con el de arriba?

JESÚS

Sí, por fin pude hablar con Papá.

(Mateo escribiendo)

En este momento, llega Jesús y se sienta con sus apóstoles. El ambiente es tenso y la preocupación se le nota en el rostro. Creo que se avecina un gran momento para la Historia.

MATEO (dirigiéndose a Jesús)

Oye, Chus, larga por la muy que ya tengo preparao el piano.

JESÚS (muy serio, resignado, mirando al infinito)

Por qué no seguí a mi padrastro José y me hice carpintero como él! Estoy harto de vivir como Dios!

(Mientras Fulaneé va trayendo el primer plato, Felipe se dirige a él)

Me puedes traes un agua mineral, Fulaneé? Pero que no la toque Chus (que la convierte en vino).

FULANEÉ

Por supuesto, monsieur.

JESÚS

Queridos hermanos, os he reunido hoy aquí porque ésta es mi última cena con vosotros (y no me veréis más el pelo hasta dentro de N milenios).

PEDRO

Nos dejas, Chus? No será por el Mahoma, ése, que nos está haciendo la competencia.

JESÚS

No, Pedro, el caso es que...

PEDRO

Acaso no nos va bien predicando a las masas?

JESÚS

No, la verdad es...

PEDRO

Y qué me dices de la coyuntura romana a nuestro favor?

JESÚS

Pedro, hijo, que pesado te pones a veces! Y encima ahora te pones a hablar de dinero. Este no es el momento ni el lugar para hacer un balance de Dios, S. A.

MATEO

Apunto esto, Chus?

JESÚS

No Mateo, ni se te ocurra. Ten en cuenta que la Biblia II, o sea, "The New Testament" donde está mi biografía, tardará más de mil años muchos más en escribirse. Y a nada que pongas, van a creer que esto es un Holding. Bueno, la verdad es que los derechos los ha comprado la Paramount, pero, con todas las marujonas que hay, cualquiera lee esta historia después de estar tanto tiempo transmitiéndose de boca en boca.

BARTOLOMÉ

Que será de nosotros sin ti, Maestro?

JESÚS

Pues os perseguirán, os maltratarán, os escupirán, os harán socios del Círculo de Lectores, y todo esto, sin gaseosa.

APÓSTOLES

Pues si no hay gaseosa, nos vamos.

(Entra Fulaneé con tres gaseosas, dirigiéndose al público)

Y la obra continua.

JESÚS

Tengo algo que deciros, algo muy gordo, algo que celestialmente, y anota Mateo, me jode.

MATEO

Jesús, recostado con sus apóstoles dijo...

FELIPE

Qué diver, nos reacostamos?

JUDAS

De dónde sacaste al butterfly éste, Chus? Voy a tener que venir a las reuniones con blindaje en los sudarios.

JESÚS

Bueno, dejad de interrumpirme y hagamos un poco de Historia.

PEDRO

Eso, que hable el Maestro.

MATEO

Espera, Chus, no continúes, que se me ha acabado el papel...

JESÚS (resignado)

No, si cuando yo digo lo de la carpintería con San José, me quedo corto...

SIMÓN

Eh, chicos, mientras podemos contar chistes de judíos y de nazis...

JUDAS

No, mejor de fariseos...

FELIPE

Y si jugamos a la pirámide del amor?

JUAN

Huy, Huy, Huyyy... Qué fuerte, qué fuerte, qué fuerte!

MATEO

Continúa, Maestro, antes de que esto tome otros derroteros.

JESÚS

Sé que uno de vosotros me ha traicionado...

(Los apóstoles, asombrados, al unísono)

Ooooohhhh!!!...

PEDRO

He sido yo, Maestro?

JESÚS

No, tú, Pedro, no has sido, aunque no sé, no sé...

JUAN

He sido yo, Maestro?

JESÚS

No, tú, Juan, no has sido.

BARTOLOMÉ

He sido yo, Maestro?

JESÚS

No, tú, Bartolomé, no has sido.

(Así va contestando Jesús a la pregunta de cada apóstol, hasta que llega a Judas)

JUDAS

He sido yo, Maestro?

JESÚS (Haciéndole burla)

He sido yo, Maestro? He sido yo, Maestro? Pues claro que has sido tú, desgraciado, terrorista, arrastrado, traidor, sobaco, ciervo, retrete, chorizo, macarra, que eres un macarrón. No te da vergüenza? Que te he visto picarte! Yonki! Pinchauvas!

(Mateo interrumpe a Jesús, dictándose a sí mismo)

Y Jesús dijo:
- Sé que uno de vosotros me ha de entregar.
- Seré yo, Maestro? - Preguntó Judas.
- Tú lo has dicho. - Replicó Jesús.

JUDAS

Porque nunca se sabrá la verdad pero, tú, Jesús, eres un vendedor de enciclopedias, que te quedas con la gente y te llevas de calle a las chavalas, estoy harto de ti, Yuppie ilustrado.

JESÚS

Pero si yo te quite del paro. Así me lo agradeces?

JUDAS

Es que tus milagros son un pastel. Me acuerdo cuando diste la patada a Lázaro en las...

(Jesús le interrumpe)

Eso fue un milagro que Mateo pasará a la Historia magníficamente.

MATEO

Me halagas, Chus. Si sigo así, conseguiré el Pullitzer antes de lo que esperaba.

JUDAS

Al que tienen que halagar es a Lázaro que ha estao tres meses sentao en un flota y meando por la narpia.

FELIPE

Cómo eres capaz, Judas? El Teacher nos llevó por el buen camino, nos ha hecho amarnos los unos a los otros, aunque algunos se resistieron...

JUDAS

Felipe, déjate de mariconadas, que con el dinero que me han dao tengo la entrada para el ampli de la guitarra.

SIMÓN

Necesitas un batería, Judas?

JUDAS

Bueno, tal vez...

FELIPE

Y yo tocaré el órgano.

(El resto de los apóstoles)

Nos llamaremos Judas Priest.

(Y empiezan a cantar a coro)

Si pido una cerveza más, si pido una cerveza...

(Mateo escribe)

Acabada la cena Jesús tomó el pan y dijo:

JESÚS (le interrumpe)

Alguien va a mojar más pan en la salsa? O puedo empezar ya la ceremonia?

SIMÓN (con la boca llena)

Puedes traer más pan, Pierre?

JUDAS

Qué, otro milagrito, Chus?

JESÚS

No, se trata de la famosa ceremonia de la Eucaristía.

FELIPE

Ah! Esa de comamos todos de él?

JESÚS

Pierre, me puedes traer un cuchillo para cortar el pan?

JUDAS

Quieres mi cheira, Chus-co?

MATEO (narrando)

Jesús tomó el pan y lo partió y dándoselo a sus discípulos, dijo

JESUS (interrumpiendo nuevamente a Mateo)

Pillad un cacho cada uno, levantadlo y ahora, cuando revise mis apuntes diré unas palabras...

(Jesús saca un bloc de notas y empieza a leer en voz alta)

Cuando tenga a los doce apóstoles reunidos y les haya dado el pan diga:
- Tomad y comed todos de él, porque éste es mi cuerpo.

Después de esto, compruebe si hay vino, si no lo hubiera o hubiese, convierta el agua del botijo como ya sabe hacer.

(En estos momentos, Andrés está con cuatro botellas de vino en la mesa, bebiendo y cantando a pleno pulmón)

Hispania, patria querida, Hispania, de mis amores...

JESÚS

Pierre, anda, trae unas botellas de Vichy Catalán.

JUAN (emocionado)

Por fin! Por fin! Me ha escuchado...

JESÚS

Aunque brindemos con agua, tú, Mateo, apunta que es vino, porque sino, Andresito me la va a pillar hoy buena.

(Los apóstoles toman los vasos con agua, los levantan y esperan a que Jesús continúe con la ceremonia)

JESÚS

Tomad y bebed todos, porque ésta es mi sangre, Sangre de la Alianza que será derramada por muchos, para el perdón de los Pecados.

PEDRO

Qué bien que habla este hombre, oye!

JESÚS

No creas, son mis apuntes de cuando estuve en la Escuela para Dioses.

(Fulaneé trae las cartas de postres y dice)

Tengo Togijas, Ananás en Almíbar, Fresones con Nata, Kiwi, Helado de Fresa, Chocolate, Vainilla...

(Mateo dice en voz alta, pero sin escribir)

Y los apóstoles, hartos de los postres del gabacho, pidieron doce cafés, con doce copas y con doce puros. Y les dieron las doce, la una y la dos...

JESÚS

Vosotros me negaréis, diréis que no me conocéis, todo para salvar vuestra vida, miserable y asquerosa, pero vida.

PEDRO

Yo no te negaré nunca, Teacher.

JESÚS

Tú, Pedro, eres un pelota, eres el peor. Yo te digo que antes de que el gallo cante qui qui ri qui me habrás negado tres veces.

PEDRO

No, no y no.

JESÚS

Ves? Te lo dije, no has esperado ni al gallo.

MATEO

Apunto esto, Maestro?

JESÚS

No, esto es muy hard para mi body. No me hagas la Pascua.

PEDRO

Yo, Señor, he sido bueno contigo y te he seguido sin miramientos.

(Santiago le comenta a Juan)

Éste tío es un pelota, ya sabía yo que nos iba a pisar el puesto.

JESÚS

Por eso, tú te quedas con la Iglesia y con el Banco del Vaticano.

PEDRO

Yuppiieee!!! Vaya negocio, y empezamos con un pesebre.

JUDAS

Nunca mejor dicho...

TADEO

Pues si a Pedro le das la Iglesia, que tal si a mí me preparas a Marta y María?

JESÚS (clamando al Cielo)

Papa, que Cruz, Papa! Estos mortales tan materialistas...

BARTOLOMÉ

Y a mí, señor, que me tienes guardado?

JESÚS

Tú, seguirás el negocio de tu padre Bartolo, harás flautas, con un agujerito solo.

FELIPE

Pues yo me iré a San Francisco cuando Cristobalete Colón descubra América.

TADEO

Y eso, Felipe?, acaso allí hay creyentes?

FELIPE (relamiéndose)

No, pero hay unos indios fuertotes y enormes como armarios que tienen unas plumas de faisán mareado preciosísimas.

TOMÁS

Pues yo opino que podíamos...

(Le interrumpe Mateo)

Tú Tomás, no opines, porque no has dicho nada en toda esta historia y ahora no voy a cambiar la narración.

TOMÁS

Bueno, vale, pero...

MATEO

Ni peros, ni olivos, omite tus palabras porque que esta historia la escribo yo...

JUAN

Hágase la paz hermanos, el Señor está con nosotros y además ya lleva un buen rato estándolo.

(Dicen los apóstoles a coro)

Preferimos que esté la Señora.

(Se oye el timbre de la puerta)

Ding Don. Ding Don.

FELIPE (dirigiéndose al público)

Será Avon o el hombre blanco de Colon?

JESÚS

Abre tú Tadeo, que estás vestido.

TADEO

Ya verás como sean los Testigos de Jehová, el rapapolvo que les voy a echar, ja, ja, ja!!!

(Aparecen dos soldados romanos)

Está aquí ese que se hace llamar Chus de Naza?

(Los apóstoles alborotados empiezan a gritar y a correr alrededor de la mesa. Jesús aprovechando la confusión se esconde debajo del mantel. Los soldados romanos se llevan a todos los apóstoles y desalojan el recinto)

(Mateo, al ser conducido, enseña un carné a uno de los soldados)

(Con voz amenazadora, repasando el documento) Con que carné de prensa de la VCZ. (Veinteava Centuria de Zorros), Señor Faringe Subterránea, Eh?

MATEO

Pues si, por Dios Neo(conservador), estaba aquí en la rueda de prensa y han llegado ustedes.

CANELONI (soldado romano)

Muy bien, me puedes firmar un autógrafo para mi hija?

MATEO

Me halagas.

CANELONI

Macarroni, vayámonos que no me quiero perder la peli porno de Pecho V.

MACARRONI (soldado romano)

Canelonni, partamos, pues.

(Mateo se queda solo en la sala y revisando sus apuntes dice)

Lo que tiene que hacer uno para salvar el pellejo!

(Sale Jesús de debajo de la mesa y dice)

Oye, Mateo, muchas gracias y toma, aquí tienes los resultados de la Lotería de los próximos dos mil años, como acordamos.

MATEO

Muy bien, Chus, a partir de ahora como si no te conociera.

JESÚS

Exacto. Ah, otra cosa, has llamado a los de la Grúa, para que retiren la lápida a los tres días?

MATEO

Sí, y además he pagado a cuatro plañideras para que te lloren en el tanatorio.

JESÚS

Muy bien. Ahora me voy que me están esperando Marta y María en casa. Mañana nos vamos a comer a casa de Papá...

JESÚS (dando la mano a Mateo)

Te estoy celestialmente agradecido, Mateo, nos ha quedado bien la historia, no?

MATEO

Sí, Chus, parece bastante verosímil, tú crees que se la creerán?

JESÚS

Que si se la creerán? Harán con ella el negocio más grande del Universo, más que Coca-Cola y Microsoft juntos.

(Jesús abraza a Mateo y sale por la puerta)

Apapá, digo, Adiós Mateo.

(Mateo solo en la sala escribe)

Y no se volvió a saber nada de Jesús Chus el Nazareno. Creo que crucificaron a Brian.

(Mateo se levanta, ordena los folios escritos y dice)

Qué contentos se van a poner Marcos, Lucas, y Juan cuando les cuente esto...

viernes, 11 de diciembre de 2009

De cómo la cópula primigenia pasó a ser el Amor carnal, nacido en la Edad Media y situado geográficamente en la Provenza gala

Y heme aquí, nuevamente, frente a mi cuaderno de bitácora. Y en blanco yo me hallo como ello. Retomado he la escritura, con una nueva entrada, pero, en mi afán de situarme en el punto donde dejélo, unos cuantos siglos hacia atrás me he desplazado.

Lejos de parecer algo que ya soy, pedante, intentaré con estas palabras aportar más luz que tinieblas sobre el tema tratado en cuestión. Y si de Amor he de hablaros, deciros también que, como el microondas, invento es, y que no se remonta a la noche de los tiempos, como parecer quisiera.

Mi paseo por semejante estudio, no me hace evitar la Prehistoria, donde 200.000 A.C. nuestros ancestros copulaban sin mas y sin menos, ya que, como todavía no existía la Historia, aquella (hembra señalo) no le venía a éste (macho indico) con historias.

Ni omitir tampoco las múltiples y variadas referencias copulatorias que existen en la mitología griega y por intertextualización, en la romana, donde, más que dioses como ejemplo a seguir, protagonistas de telenovela parecen dichas deidades.

Y el Amor como sentido introdújolo (en el planeta Tierra, dónde, si no?) aquel conocido como Jesús de Nazaret. Y fue gracias a él, y al cristianismo monoteísta, como dióse a conocer, fe sembró entre hombres libres del yugo esclavo y del lupanar politeísta, que montado tenía el Imperio.

Paróme ahora en las jarchas, demostraciones poéticas de Amor cristiano, de una hermana para con sus hermanos, o de un hermano para con sus padres, en el ejemplo, del siglo XI ya hablo.

Y al hablar del siglo XI, con las Cruzadas hemos topado. Y contra los turcos selyúcidas y sarracenos, nos, Occidente, hubimos guerreado. Y en aquellas guerras, por Papa, y por Dios, hubimos matado. Y al infiel, o muerto, o converso, matarile hubimos dado.

Y aquellos que nombrados fueron con el juramento "Yo te hago caballero en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, de San Miguel y de San Jorge. Sé valiente, destemido y leal", sus armas, que a servicio de Dios pusieron, en tiempos ociosos, al servicio de una dama, prostituyeron. Fue así como el Amor a mi Dios, sentido religioso, se tradujo en mi Amor a una Dama, a mi Amada, sentimiento terrenal.

Existió pues Amor entre semejantes, y la cópula sin más, física, tuvo su ampliación química en el Amor. El Amor es como el tiramisú y el sexo es como el Amaretto que contiene.

Y aunque costado me ha situar el momento exacto del nacimiento del Amor, fue Antoine de Antibes, por ejemplo, quien, con los hechos que a continuación relato, sembró el germen que posteriormente se convertiría en trigo.

Hallábase el susodicho (Antoine, Antuan, tuno, inoportuno, por interrumpir a sus padres en la cópula, último de sus hermanos) dedicado a la vida contemplativa, ociosa, aunque metafísica, pero sin argumentario para evitar el castigo por mendicidad. Paseando por la orilla del río, vióse reflejado, y aprovechó el momento entonces para acicalar su media melena, pero interrumpido fue por unas ondas hechas en el agua. Incorporándose (vamos, que se levantó) para seguir el recorrido de la onda, que oídos y vista le indicaban, vio a una joven sirvienta, que sus ropas lavaba en la orilla. Y al mismo tiempo que jabón restregaba sobre las mismas, sus pechos el ritmo marcaban en su abierto escote. Tal calor sintió el susodicho en sus juglares mallas, que a aliviar semejante incendio pronto fue.

Sofocándose estaba, practicando su Amor propio, para que nos entendamos, de forma reflexiva, sobre sí mismo, cuando unos follajes movió y ruido provocó, de forma, evidentemente, rítmica. Asomóse una doncella (vestal, suponemos) a la ventana, al oír semejante estruendo.

Ventana es de suponer que de un castillo fuera, pues, chalets adosados, en este tiempo, aún no existían. Sigo pues con el relato, aunque paréntesis en este párrafo hago.

- Quién anda ahí? –Preguntó arisca la doncella.
- Soy yo. –Dijo Antoine, como si todo el mundo tuviera que conocerle.
- Quién es aquel que con semejante ritmo el follaje mueve y turba mi existencia?
- El mismo que más turbado se halla por el ritmo de aquella sirvienta.
- Aunque construida bien ha sido tu respuesta, no te entiendo, pareces víctima de la LOGSE española y futura.

Para salir del paso, el de Antibes, las mallas se subió, y, vibrando sus cuerdas vocales como si de una bandurria se tratase, el sonido del instrumento de cuerda imitó.

- Cantáis, sois juglar? Sopero que moráis en el follaje –Prosiguió la doncella, que aunque nombre tenía, no es relevante para esta entrada (en el cuaderno de bitácora).
- Introducción estoy haciendo, con unas notas musicales…
- No estoy yo acostumbrada a este tipo de… introducciones.

Dicho y hecho, aquella que tanto le parloteaba, en musa de su inspiración se convirtió, y con cierto desatino, Antoine, compúsola esta canción:
- Mocita dame el clavel, dame el clavel de tu boca…

Supuso su atrevimiento, que, a partir de entonces, la simple cópula, en Amor completo se transformó. Sobre todo cuando de imposibles se trataba, pues, estando todo el mundo de acuerdo, el Amor, en matrimonio se transformaba, y entonces, de otra entrada (a lo mismo que antes apunté, me refiero), se trataba y se hablaba.

Quiso el tiempo que los amores más queridos, fuesen los más reñidos (agresiones físicas jamás referencio y siempre penalizo), los de comienzo difícil y de final fácil. Aquellos de “comieron perdices”. Nadie habló nunca del día siguiente, de cuando el príncipe se marchaba a trabajar o la princesa se ponía a limpiar el castillo. Puede que al revés ocurriese, puede que así tuviésemos que intentarlo, pues, no olvidemos que, tanto el hombre, como la mujer, personas ambos son dos, subordinadas al Amor.

El Amor pues, invento medieval es, no se si fue de esta o de aquella manera, mi imaginación, a estas alturas, para más no da, de momento. Pero deciros he, que, divertido me he con el relato.

Si no luz, risas o sonrisas espero haberos dado, y un buen rato hayáis pasado.

lunes, 23 de junio de 2008

Amores de Película

Querido lector, el texto que viene a continuación es un Spoiler, aguafiestas o adelanto, desvela de forma explícita el argumento de algunas de las mejores películas de amor de la historia. Si no quiere que eso pase, no siga leyendo.

En cierta ocasión, y tras una vena intelectual de esas que tengo, fui al cine, a ver una “historia de amor”, con unos amigos míos. La película se titulaba “Nelly y el Sr. Arnaud” (1995) y recuerdo que salí tan indignado del cine, que, me puse a decir en voz alta, justo al lado de la gente que estaba esperando para entrar a ver la película:
- Es una pena que muera el Sr. Arnaud.

La película en cuestión, francesa, trata de la relación que hay entre un escritor y una escribiente que contrata para que le ayude. Yo no vi amor en esa relación, y no me refiero a que la pusiera “mirando a Cuenca”, no soy tan poco romántico, pero creo que considerar a esa relación amor…

La mejor película de amor, de toda la historia, es, sin ningún lugar a dudas, “Casablanca” (1942). No se si protagonizada por Ronald Reagan hubiese sido de otra forma, pero para mi en particular, y para el público masculino en general, es una obra maestra. No eres un hombre de verdad si no has llorado con la escena de La Marsellesa de Casablanca.

A parte del consabido “Siempre nos quedará Paris”, se puede decir, y digo, que la conclusión final de la película, que Rick (Humphrey Bogart) le transmite a Victor Laszlo (Paul Henreid), es la siguiente:
- Ilsa (Ingrid Bergman) conmigo fue mi amante, contigo que sea tu ama de casa.

Preguntado por ello, para el género femenino, la mejor película de amor suele ser “Lo que el viento se llevó” (1939) en la que, curiosamente, se narra una historia de amor, de época, bastante machista, que termina con la famosa frase:
- Francamente, querida, me importa un bledo.

Esta máxima, pronunciada por Rhett Butler (Clark Gable) según cuenta la leyenda, le costó 5.000 dólares de multa a la productora. “Bledo” estaba en la lista de palabras prohibidas por aquel entonces.

Una película que suele gustar tanto a hombres como a mujeres es “Memorias de África” (1985):
- Yo tenía una granja en África…
No, bonita, no. Tú tenías una granja a tomar por el culo. Una historia de amor, libertad, y compromiso, en un África sin mosquitos y sin sequías. Amor fuera del matrimonio, y si me apuran, fuera de la civilización.

Para amores fuera del matrimonio, “Los puentes de Madison” (1995) también sirve como un muy buen ejemplo. Una historia de amor, maduro, con bonitos paisajes, urbanos, y con la elección final, casi épica, (la vida es una continua elección) entre amor y matrimonio.

Aunque para amor épico, pero épico de verdad, la mejor película es “Lady Halcón” (1985), donde se conjuga un amor imposible (la noche y el día, la luna y el sol) entre una joven Isabeau d'Anjou (Michelle Pfeiffer) y un espectacular capitán Etienne Navarre (Rutger Hauer). Si, ese de “He visto cosas que vosotros no creeríais...”.

También sigue esa línea épica “La princesa prometida” (1987) contada como un cuento, donde la búsqueda del amor verdadero y medieval se traduce en una comedia romántica con tintes de aventura.

Mezclando la realidad y la ficción, amor con aires de comedia, se sitúa “Don Juan de Marco” (1995). La historia del burlón de Sevilla, viviendo en Brooklyn, y tratado por un psiquiatra al que termina contagiando su romanticismo:
- En la vida sólo hay cuatro cuestiones importantes: que es sagrado, de que está hecho el espíritu, para que vale la pena vivir y para que vale la pena morir; sólo existe una respuesta: el amor.
Frase propicia para memorizar y poder embaucar así a cualquier iletrada.

Justo en el lado contrario, en la historia de amor con aire dramático, está “Leyendas de Pasión” (1994). Una película para lucimiento de un Brat Pitt al que hacen sufrir lo indecible y de mil formas. Sirva como ejemplo su amada, que le había prometido esperarle siempre, y se lo deja bastante claro con la frase:
- Siempre resultó ser demasiado tiempo.

El amor imposible, como drama, lo borda “Drácula” (1992). Un amor verdadero, interrumpido por la guerra, un suicido, la religión como precio y como castigo, y el corazón de un hombre, que un día fue rojo por una princesa, y que, se volvió negro al cruzar su particular infierno. “He cruzado océanos de tiempo para encontrarte” es quizás unas de las frases más bonitas que ha dado el cine, que se complementa perfectamente con “El hombre más afortunado que pisa esta tierra es aquél que encuentra el amor verdadero”.

Otras veces, se utiliza la historia de amor, como hilo conductor de otra historia, aunque suele estar tan entrelazado, que no se sabe muy bien qué historia conduce a la otra. En esta línea, se encuentra por ejemplo “Juego de Lágrimas” (1992), ambientada en la guerra del Ira, podría decirse que el secuestrador tiene un peculiar “Síndrome de Estocolmo” con el secuestrado, y con la novia de éste: “No es tu tipo”. No importa el sexo cuando el amor es puro y verdadero.

Basada en un hecho real, “Titanic” (1997) sitúa una historia de amor, de cuatro días, y 240 millones de dólares que costó la película, en el hundimiento del barco de marras. El mensaje final ese de “yo me muero, pero tú vive todo lo que puedas” de un Leonardo di Caprio que parece el hijo de Kate Winslet queda, cuando menos, poco creíble.

Si hablamos del amor como rescate, “Desayuno con Diamantes” (1961) es un buen ejemplo. Y cuenta la relación de dos personas, que pese a estar bastante acompañadas, están bastante solas, y que descubren la necesidad de estar juntas. La película es bonita en el más amplio y heterosexual sentido de la palabra.

Siguiendo en la linea de amor como rescate está “Pretty Woman” (1990), que cuenta la historia de una mujer (de moral relajada) con precio que le cambia la vida a un hombre que no lo tiene (compra y vende empresas para al final no quedarse con ninguna).

Aunque, para amores con rescates, el de “Oficial y Caballero” (1982). Yo, si fuese mujer, y trabajase en una fábrica, me gustaría que me rescatase un Infante de Marina con su traje de gala. El punto de partida de esta película está meridianamente claro: “El hombre usa el amor para tener sexo y la mujer usa el sexo para tener amor”.

miércoles, 9 de abril de 2008

El retorno desde Lisboa (1995)

Normalmente, uno viaja para conocer mundo y cultivarse. También se puede viajar para buscar la aventura o nuevas experiencias con las nativas de Crimea. Lo peor es tener todo tipo de problemas cuando se va con un viaje "semiprogramado". Los hechos que aquí narro son reales como la película de estrenos televisión, y ocurrieron en un país de Europa…

El domingo 24 de Julio, se acababan mis vacaciones con unos amigos en Portugal. La estancia fue muy agradable, y el país en general es digno de conocer. Ese mismo día (el domingo), volvíamos hacia Madrid en autocar a las diez de la noche.

Estuvimos hospedados en Cascais (una pequeña ciudad costera a 25 kms. de Lisboa y que linda con Estoril) y desde allí, teníamos que ir a la estación de autobuses que estaba en Lisboa. Llamé por la mañana para dejar el equipaje en la consigna de la estación, y luego pasar el día en la capital. El hotel lo teníamos que dejar antes del mediodía. La consigna estaba cerrada (me extrañó) pero como era domingo...

Volvimos hacia Cascais por la tarde, en los trenes de cercanías que le regaló Carlos III al Alcalde de Portugal y en un lapsus de trasbordos, uno de mis amigos perdió la cartera en un vagón del tren...

Denunciamos la pérdida en la comisaría de Cascais, y entre que el policía era portugués, funcionario venido a más, que no nos quería entender (me extraña mucho que un dialecto que viene del gallego, como es el portugués, sea tan diferente del castellano), que su procesador de textos era una máquina de escribir (con la que Matusalén escribía las cartas de amor a Sara Montiel), que escribía a máquina con dos dedos, que Brasil había ganado el campeonato del mundo de Fútbol, y que el reloj marcaba ya las nueve y media de la noche...

Llegamos al hotel a por el equipaje y pedimos un taxi para que nos llevara a Lisboa. El taxista, muy enrollado el hombre, empezó a hablar en español. Era argentino de padres portugueses y estaba exiliado en Portugal desde la guerra de las Malvinas. En el trayecto empecé a hablar con él, más que nada para pasar el rato, aunque mis amigos me miraban con mala cara. ¡Joder, tampoco me quería poner a llorar! En un alarde de psicología del taxista (que era marxista no practicante) me dijo, para hacer entender su mensaje: "...ya lo dijo Carlos Gardel, Siglo XX, cambalache, tango pendenciero y ruin, el que no llora no mama y el que no afana es un gil...". Eso ya lo había oído antes.

Cuando llegamos a Lisboa por primera vez, pregunté cuántas estaciones de autobuses había, y me dijeron que sólo una (lástima que no se pueda fusilar a la gente). Cuando le dijimos al taxista "a la Estación de Autobuses" y el se volvió y dijo "¿Cuál?" yo pensé: "Murphy era un ingenuo".

Pues sí, resulta que había varias estaciones de autobuses. Yo aluciné, e intenté acordarme de algún detalle de la estación que nos sirviera para identificarla. Y entonces, le dije al taxista: "...si, este, es una estación más bien pequeña, viste, que está en una calle con una vereda en el medio...". E voilà, el taxista nos dijo un nombre, pero aseguró que esa estación era grande. La estación tenía una dársena para ocho autobuses. Me hubiera gustado que el taxista hubiese visto la Estación Sur de Autobuses de Madrid, con sus ochenta dársenas "O más grande do mundo"...

Llegamos a la Estación de Autobuses a las diez y cuarto de la noche. El autocar, por supuesto, ya había salido. La estación estaba cerrada a cal y canto y, preguntando a un conductor de por allí, nos dijo que el próximo autocar salía el miércoles (yo tenía que trabajar el martes). Madrid parecía estar cada vez más lejos...

Cogimos otro taxi, éste portugués, y fuimos a la Estación Internacional de Ferrocarril de Santa Apolonia. La estación era también "grande" (tenía seis vías y dos de ellas eran para recorridos internacionales). El reloj marcaba las once de la noche aproximadamente, y, preguntamos en Información cuándo salía el próximo tren hacia Madrid. Nos dijeron que había dos trenes: Un Talgo que salía a las doce de la mañana del día siguiente, y que llegaba a las ocho de la tarde (nos venía como anillo al dedo), y el Lusitania, un tren que salía a las once de la noche del lunes, y llegaba a las ocho de la mañana del martes ("nene no guta"). Los billetes los despachaban a partir de las nueve de la mañana, que era cuando abría la terminal internacional.

Después de llamar a nuestras respectivas casas para decir que llegaríamos al día siguiente, pensamos en dormir en la estación para hacer tiempo, y dejar el equipaje en consigna, así como sacar dinero para pagar los billetes. La estación estaba ubicada al lado del puerto, y ya se sabe que las zonas portuarias son de lo peorcito de cada ciudad.

La consigna consistía en una ristra de varias taquillas dotadas de apertura digital Me dio mala espina. Las instrucciones, de lo más fácil, casi para torpes: se mete la maleta dentro, se introduce el dinero, y se marca el número de la taquilla que quieres cerrar. Te devuelve un código de acceso para abrirla posteriormente. Y así lo hicimos: metimos la maleta, pusimos el dinero y tecleamos el número de la taquilla. Sale un papel escrito por una especie de impresora y mientras mi amiga lo coge, yo lo miro (está en blanco), lo da la vuelta (y sigue en blanco) ¡AAAGHHHHH! La consigna se había tragado el equipaje y no lo podíamos sacar porque la puta máquina se quedó sin tinta (pensé en arrancar la consigna de cuajo y llevármela).

Mis nervios estaban a flor de piel, parecía estar en una pesadilla. Mi amiga, que conservó la calma mientras yo repasaba todos los tacos de la lengua de Cervantes, se dio cuenta de un pequeño detalle: el papel, que no tenía ni una letra escrita, se desplegaba cual revista de Playboy en sus páginas centrales y, qué casualidad, allí estaban los números del código secreto de la consigna. Nunca la letra System 10 Normal de impresora matricial me pareció tan bonita...

Acto seguido, y para tentar aún más a la suerte, intenté sacar dinero: Voy para el cajero cual cowboy que intenta montar a un caballo salvaje. Le miro fijamente al monitor. Saco mi tarjeta con la rapidez de la que hago gala en El Corte Inglés. Introduzco (la tarjeta) en la ranura correspondiente. Teclear el código secreto fue visto y no visto. Selecciono el importe y, cuando empieza ese maravilloso ruido de contar billetes, sale un papel que dice: OPERACIÓN ANULADA AAAAGGHHHHHH!

Estaba dando golpes y patadas al cajero con la fuerza y la gracia de la que hago gala, cuando en un cambio de ritmo de derecha a izquierda, miro hacia atrás. Había un hombre en la cola, que puso cara como diciéndome: "tranquilo, majete, que no es para tanto", pero el hombre no sabía el día que llevaba yo. Mi amiga me tuvo que prestar dinero...

Nos sentamos en un banco de la estación. Me metí el reloj en el bolsillo (por si me lo "afanaban") y empezamos a dar las primeras cabezadas (eché de menos los documentales sobre animales que ponen en la televisión y el poder mórfido que tienen). Y de pronto, a eso de las doce y media de la noche, aparece la Policía.

Uno de los policías, empezó a cerrar una de las puertas de la estación mientras otro, nos decía algo así como: "salid de aquí, que la estación se va ha cerrar.". Yo no daba crédito a lo que pasaba. Es raro que se cierre una estación de autobuses, pero más raro es que se cierre una estación de tren. Generalmente son sitios de paso y lugares para hacer tiempo. No me imagino ya el aeropuerto de Lisboa (opción que descartamos, porque mi amigo no tenía documentación).

Salimos de la estación, casi tarifando. Las personas que viajaban con mochilas y sacos, se pusieron a dormir apoyados en la fachada. Craso error porque la policía también les echó de allí. Tuvieron que dormir en las paradas de autobuses que allí había. Optamos por una solución más digna e intentamos buscar una pensión...

Andando los tres juntos y por el medio de la calle, nos aventuramos por esos barrios oscuros de la ciudad y donde cualquier sombra es sospechosa (me recordaba "Chabolandia", una zona residencial que está entre Tetuán de las Victorias y El Barrio de la Pili (de donde son casi todos los taxistas).

Vimos un luminoso de pensión. Al entrar, había un folio pegado en la pared con esparadrapo y escrito a lápiz, que decía "no hay habitaciones". Nos dio muy mala espina. Seguimos caminando y encontramos otra pensión que sí tenía habitaciones libres. Además, había un taxi parado en la puerta, del que estaba bajando un futuro cliente. No podía tener mejor pinta...

Llamamos a la puerta y nos apareció una afroportuguesa de cien kilos de peso repartidos en un metro sesenta de altura, con un salto de cama y los rulos puestos. Yo, ya lo he visto todo en la vida. Tal y como estábamos de desesperados, podía haber salido desde el monstruo de Alien hasta Falconetti pasando por la Señorita Rotenmeller, que nos hubiese dado igual. Entramos con menos prejuicios (creo que ya no nos quedaban) que perjuicios.

La mujer, amable incluso, nos condujo a nuestros aposentos. La habitación tenía dos camas: una de matrimonio y otra para ver el espectáculo (pues me recordaba ciertos habitáculos de cierto lupanar, todo esto, según me contó un amigo mío). Sólo le faltaba la luz tenue roja. Cerramos por dentro, dejamos el cerrojo a medio echar (para que no pudiesen abrir desde fuera) y no contratamos a un guardia de seguridad de milagro. Allí dormimos como pudimos y con mucha "organización". Dijimos a la señora que nos llamara a las ocho de la mañana.

Nos avisó una hora antes, a las siete (esto creo que se debe a que aprovechan los cambios de guardia en el Museo de la Guerra, que estaba al lado) y nos fuimos a desayunar. Hicimos tiempo y nos dirigimos a la estación de cercanías, para preguntar por la documentación de mi amigo (que por supuesto no aparecería nunca más). Cogimos la línea de autobús "25", pero para regresar, regresamos en el "9". Esto es así, no por conocer Lisboa, sino porque creo que hacen los recorridos en un solo sentido ¿?.

A las diez de la mañana, estábamos otra vez en Santa Apolonia. Volví a intentar sacar dinero, pero esta vez con más calma. Me sonrió la diosa Fortuna y la mala racha parecía que se acababa. Nos dirigimos al mostrador del Terminal Internacional y así como el que no quiere la cosa digo: "tres billetes para Madrid en el Talgo de las doce". El hombre, mientras miraba la pantalla por encima de las gafas me contesta: "no hay".¡AAAAAAAGGGHHHHHH! otra vez. Madrid no estaba lejos, estaba a tomar por el culo...

Yo ya me veía en el Lusitania con los asientos de madera como los bancos del parquecito de mi barrio, los foráneos con gallinas corriendo por el pasillo y con el olor del carbón de la locomotora. Pero mi amigo, como Don Quijote ante los molinos, hizo razonar la respuesta al funcionario. Resultaba que el Talgo estaba completo de Cáceres a Madrid desde hacía dos días, pero de Lisboa a Cáceres iba casi vacío. Lo cogimos. Vaya que si lo cogimos. Cáceres era España, joder, y está bien comunicada, sólo le falta tener Metro.

Al ponerse el tren en marcha, parecía que se ponía en marcha el despertador que nos sacaba de esa pesadilla. Cuando entraron los Guardias Civiles en la frontera con España para pedirnos la documentación, yo estuve a punto de besarles. Nunca me había alegrado tanto de ver a un guardia civil (bueno, si, cuando los veo antes de que me detecte el radar en la carretera). El momento más emocionante del trayecto fue la llegada. Habíamos salido de una estación de seis vías que ni IBERTREN las tiene y entramos a Madrid por Atocha.

Esos güiris con sus mochilas al hombro y un moreno fijado por la mierda y los churretes (recuerdo de cada país visitado) alucinaron realmente de la diferencia. Esa diferencia en los trenes de cercanías, en esa Estación de Atocha, y sobre todo, en ese AVE que marcaba una vez más, la diferencia. La expresión de sus caras lo decía todo. Me sentí orgulloso de ser español y lo que de verdad aprendí con esta experiencia fue a valorar más nuestro país. Ah, y la próxima vez estaré en la estación una hora antes, je, je, je.

viernes, 25 de mayo de 2007

La vida es lo que te sucede mientras haces otros planes

Nací el Lunes 22 de Enero de 1968, a las 6:30 horas en el Hospital Militar de Málaga, Andalucía, España, Europa, a una muy temprana edad (como Groucho Marx). Soy por tanto contemporáneo de híbridos como "2001, Una odisea en el Espacio", la "Primavera de Praga" o "debajo de los adoquines está la playa". Mi nombre Alexi, es elegido por mi madrina inspirada en un político de la época: Aleksey Nikolayevich Kosygin. A los tres meses, por motivos que algún día desvelaré (en mis memorias y previo pago), mi familia se traslada a Madrid (Pongamos que hablo de...), donde resido habitual y actualmente.

Mi padre da un SQLCODE igual a 100, o un error 404 no encontrado, por lo que mi madre tuvo que trabajar en la hostelería (llegando a ser la mejor cocinera italiana de Madrid) para que a mi hermana y a mi, no nos faltase nunca de nada. Mi abuela materna, Carmen, que vivía con nosotros, fue la encargada de abrigar nuestro corazón durante todo este tiempo.

Fui un niño muy precoz, a los nueve meses ya ando... por ahí. Nací con los pies valgos, y para corregir el defecto, utilicé botas ortopédicas (si Dios hubiese querido que todos fuésemos iguales, todo el mundo hubiese llevado botas ortopédicas). Lo que sucede con este tipo de calzado, es que cuesta más parar que comenzar a caminar. Los patitos y pollitos que me compraban para jugar, no se daban cuenta de este "pequeño detalle" y se cruzaban en mi camino, precipitándose hacia su propia destrucción. A medida que fui creciendo, el problema se solucionó, pero ya era demasiado mayor para jugar con patitos y pollitos...

En 1972 (Año de las Olimpiadas de Munich) comencé mis estudios en un colegio de pago (a plazos). Aprendí cosas como La Ley de la Gravedad, que uno mas uno son dos (excepto en el sistema binario, que son diez), que el mejor Alcalde es el Rey, etc... Pero cosas importantes de la vida, no me explicaron, como por ejemplo: ¿Por qué dados dos bares situados en la misma zona, uno está lleno y otro vacío? ¿por qué los coches andando marcha atrás suenan diferente? ¿dónde terminan las carreteras? o ¿por qué el Coyote nunca coge al Correcaminos? Descontento con los métodos clásicos, busqué todo ese conocimiento omitido en uno de los legados sagrados que nos ha dejado el Siglo XX: La Televisión.

En ese año también nació mi hermana, la Encantadora de Abejas. Coincidiendo con su nacimiento, me llevaron a conocer a mis abuelos paternos, que vivían en un pueblo, italiano, al pie de la montaña. Era la primera vez que montaba en avión, y lo pasé francamente mal. Desconocía el funcionamiento, y no es que tuviese el síndrome del copiloto, sino que pensaba que el avión despegaría, pero que luego tendrías que tirarte en paracaídas para llegar a tu destino. De Italia recuerdo sólo dos cosas: Una estatua con hombres desnudos en Roma, y el autocar que nos llevó al pueblo, con todas las ventanillas manchadas de vómitos (el trayecto tenía muchas curvas).

Hice la Segunda Comunión en 1977 (la primera hostia me la dio mi madre cuando me negué a ir a clase de Catequesis) y posteriormente, la religión y yo comenzamos a separarnos: "hoy no han dado vino, como en la primera vez" dije a la salida de una misa celebrada semanas después.

Destaqué en el colegio sobre todo por mis notas. Prueba de ello fueron mis cuatro Diplomas y varias Medallas de Honor. Mi vida estudiantil se interrumpía con frecuencia, generalmente en invierno, por la llamada "gripe rusa". Faltaba más a clase, que la honestidad en la política. Estaba en cama unos días con fiebre y pegaba un estirón. Así, a los quince años, medía ya el metro ochenta y cuatro centímetros.

En 1978 aprendí Mecanografía. Mi profesora, además de mala leche, tenía un lema: "la letra, con sangre entra". Y conmigo no le hizo mucha falta aplicarlo, porque, gracias a ella y a sus enseñanzas, he llegado a ser el mayor copia-pegador del Medio Oeste Europeo.

Años más tarde comencé mis estudios de B.U.P., pero ahí la cosa cambió: dejé de ser un empollón, debido sobre todo a mi exceso de testosterona. Comencé a relacionarme con chicas y a tener otras inquietudes en la vida, sobre todo en el plano metafísico: "A veces, durante la oscuridad de la noche, cuando estoy tumbado en la cama de mi habitación, mirando la Luna y las estrellas, yo me pregunto: ¿dónde cojones está el techo?"

También participé en diversas revueltas estudiantiles: protestamos de forma enérgica contra la Guerra de las Malvinas. Para ello, quemamos una bandera británica, pintada con témpera, que como es pintura al agua, fue imposible hacerla arder, y metimos un petardo dentro de una botella de cerveza que no estalló, pena de vida.

Es por aquel entonces cuando mi abuela, sufre una trombosis que deja paralítica la parte derecha de su cuerpo. Tuve una depresión muy fuerte que me apartó durante un tiempo de los estudios. Fui al psicólogo y entre los recuerdos que tengo de aquella época, está el Test de Rorschach, una prueba que consiste en interpretar una serie de manchas en cartulinas: "Tú ves claramente a una mujer con las piernas abiertas sobre un enorme charco de sangre, pero tienes que decir que ves a una mariposa de colores, porque si no, te toman por loco".

Cuando salí de todo este problema, fui ya otra persona, bueno en realidad, el psicólogo nos dijo que "teníamos doble personalidad". Retomé los estudios con algo que me gustaba: FP Electrónica. Era un manitas de cualquier aparato electrónico. Pero claro, a la hora de enchufarlo, que lo hiciera otro. Los fines de semana, iba a ayudar al negocio familiar: "Fui cocinero antes que fraile". Allí, en el restaurante, aproveché mis múltiples personalidades: pizzaiolo, barman, repostero, cajero, contable... todo en tiempo compartido.

En 1985 me fui de vacaciones a casa de mi tía, en Florida, Estados Unidos, y visité uno de los sitios que más define la cultura norteamericana: Disney World. "está muy sucio, mira que ratón más grande (señalando a Micky Mouse)" le dije a mi madre. También visité Cabo Cañaveral, meses antes de la tragedia del Challenger. Repito, por enésima vez que mi visita y dicho acontecimiento no guardan ninguna relación.

Poco tiempo después, en 1987, me invitaron a un sitio donde me cortaron el pelo, me dieron ropa, me pusieron en forma, me ayudaron a no pensar. Un sitio donde te enseñaban muchas cosas, y yo a cambio les di doce meses de mi vida: hice el Servicio Militar en Infantería de Marina.

Cuando acabé con el ejército, me planteé ser algo en la vida. Para ello quise dedicarme a mi gran pasión: las mujeres, más concretamente quise ser "nipple tweaker". Pero las mujeres no estaban muy de acuerdo conmigo, así que opté por la Opción B: la Informática. Total, las revistas de informática y de mujeres ligeras de ropa siempre han estado muy cerca en los escaparates de los quioscos de prensa.

Iba con frecuencia por la Ciudad Universitaria (sobre todo porque se atajaba para ir a la zona de bares de Madrid). En pocos años, recuperé el tiempo perdido. Era conocido entre mis amistades como "La Esponja", debido a las "moderadas" cantidades de alcohol que consumía. ¿Quién no se ha pillado una borrachera alguna vez? Maté alguna de mis mejores neuronas de esta forma.

En 1990 entré en el mercado laboral. Aprendí cosas como que "La semana tiene más de siete días", que "La mujer del Cesar no sólo tiene que serlo, sino parecerlo", que "El secreto del éxito está en la sinceridad, hay que saber fingirla" o que "Lo que no puede ser, no puede ser, y además, es imposible". En definitiva, aprendí a tratar con Jefes.

Años más tarde (en 1995), actualicé mi Ordenador Personal (de 386 a 486), y entre otras muchas cosas, le enchufé un modem, y me conecté a Internet. A partir de ese momento, descubrí un nuevo medio donde poder expresarme más libremente y donde poder tener una identidad (más): El Criador de Gusanos.

Coincidiendo con la crisis de los 30, me replanteé alguno de los aspectos de mi vida. Me puse a régimen, me apunté a un gimnasio, seguí sin fumar (provoca cáncer), comencé a beber menos (las acciones de Havana Club y Coca-Cola bajaron ese año).

Poco tiempo después, tuve que operarme, porque sobre todo por las mañanas, me mareaba. Fui al médico, y me recomendó un cambio de sexo. Lo estuve pesando y sopesando. Al final opté por uno más pequeño, y la cosa funcionó, distribuyendo mejor la sangre, llegando incluso al cerebro y teniendo buenas ideas al respecto.

Continuará...